En la Iglesia universal la fiesta de la Santa Cruz se celebra el 14 de septiembre, al día siguiente de la dedicación de la “Iglesia de la Resurrección”, levantada en Jerusalén sobre el sepulcro de Jesucristo. Antes de la reforma litúrgica del Vaticano II esta fiesta se llamaba “La exaltación de la Santa Cruz”. Entonces también se celebraba otra fiesta, la del “Hallazgo de la Santa Cruz“, el día 3 de mayo. Dado que en México la celebración de la Santa Cruz en este día está muy arraigada, sobre todo en el sector de la construcción, el Episcopado Mexicano pidió autorización a la Santa Sede para seguirla celebrando el 3 de mayo en vez del 14 de septiembre, con lo cual siempre cae dentro del Tiempo Pascual. Ciertamente la Cruz es el trofeo de la victoria pascual de Cristo sobre la muerte.

La cruz se originó como un instrumento particularmente ignominioso de ejecución. Fue castigo reservado para los criminales de clase baja y tenía connotaciones de vergüenza y desgracia. La víctima era forzada a cargar la cruz hasta el sitio de la ejecución y, una vez crucificado, se exponía a las miradas de un público horrorizado. Después de la muerte, el cuerpo era frecuentemente dejado en su lugar como una advertencia cruel. Por eso, el que Jesús haya sido ejecutado en la cruz fue motivo de escándalo para muchos. Sin embargo, el Nuevo Testamento invirtió esta visión hasta que, como vemos en Juan, llegó a considerar la cruz, en cuanto medio de salvación, como la glorificación de Jesús. Una inversión paralela se produce por los albañiles y otros trabajadores hoy: de un símbolo de destrucción convierten la cruz en un signo de construcción.

¿Por qué aceptar la Cruz en la vida? Signo de salvación y redención.

Cristo tomó con amor su Cruz, la cargó hasta la muerte con la finalidad de salvar a sus hijos y cumplir con el mandato de su Padre.

La cruz de nuestra vida nos fortalece para llegar a relacionarnos aún más con el Padre Celestial, cuando aceptamos y acogemos con amor nuestra propia cruz, ésta se hace menos pesada, comprendemos que cada uno de nosotros cargamos una lo que nos permite a ser más compresivos y misericordiosos con el prójimo.

Es la cruz la cama nupcial en donde nos volvemos uno solo con Cristo, la relación con Él crece y se fortalece; confiando en que en cada prueba es Él quien nos acompaña para salir victoriosos así como lo hizo en su resurrección, dejando así claro ejemplo de triunfo.

¡Identifica cuál es tu cruz en la vida, entrégasela a Cristo; pide que te ayude a cargarla, amala, acéptala y permite que a través de ella seas purificado para asemejarte más a Dios!