“Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos”.  (Mateo 18, 20)

La oración de intercesión tiene un poder grande ante Dios, pues fue el mismo Jesús quien promete estar entre nosotros al momento de unirnos y suplicar por nuestras necesidades ante el Padre.

Orar o interceder por otras personas es un acto de amor al prójimo, es empatizar con él y pedir a Dios que escuche sus súplicas, ya sean por situaciones de dificultad, perdida de trabajo, enfermedad, muerte, o tragedias que están fuera de nuestras manos.

Como bien dicen “la unión hace la fuerza”, en este aspecto ese dicho también es aplicable en estos casos; el corazón de Dios derrama abundante misericordia sobre el necesitado y sobre los que se han unido en amor para elevar una plegaria al Cielo por los más necesitados y/o faltos de amor.

Las almas que se unen a orar por el otro, muestran un corazón generoso; en conjunto tocamos el corazón misericordioso de la Santísima Trinidad que es el Amor verdadero y es allí cuando el milagro sucede.

Este tipo de oración muestra esperanza en comunidad, fortalece espiritualmente y físicamente al necesitado; permitiéndole sentirse acompañado, respaldado por sus hermanos en Cristo.

Es importante orar en el nombre de Jesús para que en su poderoso y Santo nombre todas las cosas sean concedidas ante el Padre, Cristo es el mediador entre nosotros y el Padre; con fe acudimos a su Sagrado Corazón con la esperanza de ser atendidos, con la alegría que nos concederá todo aquello que humanamente no podemos realizar.

La fe es la virtud más importante al orar por el prójimo, es consuelo en las batallas o tormentas de la vida; sin ella no existe esperanza, el corazón se cierra, viene el enojo contra Dios porque las cosas no son a nuestra manera y es de suma importancia dejar todo en sus manos para que sean de acuerdo a su santa voluntad pues de Él provienen bienes mucho mayores.

Así que, cuando estemos en dificultad no tengamos pena de acudir a nuestros amigos y familiares para que eleven una oración a Dios por nuestras necesidades, y viceversa; no nos neguemos a interceder por quienes nos solicitan de nuestras oraciones; las gracias obtenidas son abundantes pues Dios no deja desamparado aquel que obra con amor.