La Asunción de María

Introducción

Aunque no se puede encontrar explícitamente en la Biblia, el dogma de la Asunción de María está bien enraizado en las Escrituras. La visión de san Juan en Apocalipsis 11 y 12 es el esquema bíblico para cimentar esta hermosa doctrina de la Iglesia.

Nuestra Señora de Banneux (Nuestra Señora de los pobres)

Mariette Beco no era una niña particularmente devota, su padre no iba nunca a Misa y su madre solo lo hacía muy de vez en cuando. A Mariette no le iba bien en las clases de catecismo y dejó de ir antes de recibir su primera comunión. La familia de esta niña de 11 años representaba un tipo de pobreza espiritual que era cada vez más común en Europa en la década de 1930.

Pocos iban a Misa, la economía pasaba por una depresión y el continente, aún en vías de recuperación de la Primera Guerra Mundial, parecía encaminarse hacia la Segunda. Para una niña pequeña, los problemas internacionales pueden parecer muy lejanos, pero para Mariette estos problemas se manifestaban en el desempleo crónico de su padre y en la pobreza de su familia.

En la noche del 15 de enero de 1933, Mariette vio algo a través de su ventana, pero no pudo distinguir la forma, por lo que se fue a otra habitación y, asomándose por la ventana, ella vio que se trataba de una hermosa mujer con un rosario en la mano, que parecía brillar con una luz radiante. Llamó a su madre, quien pudo ver una figura afuera, pero no con mucha claridad. La madre no hizo caso de la curiosidad de su hija y le pidió que se alejara de la ventana y cerró la puerta de la habitación con llave.

Al día siguiente, Mariette fue con el párroco y le contó lo que había sucedido, pero él la acusó de inventar historias. Las apariciones tienen consecuencias: el solo hecho de contemplar brevemente a la Señora, fue suficiente para inspirar a Mariette a retomar sus clases de catecismo. El sacerdote estaba sorprendido de que la alumna que anteriormente era perezosa aprendiera su material a la perfección.

Unos días después de la primera aparición, el padre de Mariette se sorprendió al encontrar a su hija arrodillada en el patio de la casa, aparentemente rezando en silencio, a pesar de que hacía muchísimo frío. Parecía que Mariette veía algo, pero él no podía ver lo que su hija veía. Más tarde, ella contó que, al principio, vio una esfera de luz aproximándose a la casa; después vio el contorno de una mujer, y luego vio a la Virgen María parada sobre una nube.

María le pidió que fuera a un manantial natural cercano y que sumergiera sus manos en el agua. “Este manantial, dijo la Virgen, está reservado para mí”. La noche siguiente, Mariette salió de su casa a la misma hora. Esta vez, se unió con ella un pequeño grupo de personas para orar. Hasta su padre se unió en la recitación del Rosario. Esta vez, la Virgen le dijo a Mariette que el manantial estaba reservado para todas las naciones, para aliviar a los enfermos.

A pesar de que algunos de los vecinos se burlaban de Mariette, su familia le creyó. Los efectos de la aparición fueron inmediatos y profundos: sus padres retomaron la práctica de la fe y los avances de Mariette en las clases de catecismo fueron sorprendentes. El párroco consideró que ella ya estaba lista para recibir a Jesús y su Primera Comunión se celebró unas pocas semanas después de la primera aparición de la Virgen.

En total, la Señora se apareció ocho veces a la pequeña Mariette en Banneux, Bélgica. En un año, el pueblo ya había construido una capilla junto al manantial donde la virgen le había indicado a Mariette. Se produjeron sanaciones milagrosas y muchas conversiones a la práctica de la fe católica. Las autoridades locales y el Vaticano investigaron las apariciones durante los siguientes 15 años y concluyeron que eran dignas de credibilidad.

Mariette vivió una larga vida y Banneux se convirtió en un destino de peregrinación. El mismo San Juan Pablo II hizo una peregrinación allí durante su papado. Describió a nuestra Señora de Banneux como una: “Mensajera de la paz que exhortaba a los líderes de la sociedad a convertirse en artífices de paz, y en educadores de los pueblos, invitando a todo hombre a asistir a sus hermanos y hermanas, a los más humildes, a los más despreciados, y a los que más sufren, porque son los predilectos de Dios” Juan Pablo II, 31 de julio 1999, Mensaje con ocasión del quincuagésimo
aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de los Pobres en Banneux (Bélgica).

El dogma de la Asunción de María

A pesar de que en las Escrituras solo hay unas pocas referencias directas a la Madre de Jesús, esas menciones la colocan en el centro de la vida y misión de Jesucristo. El Nuevo Testamento conecta a María con personas, símbolos y cosas del Antiguo Testamento, la Virgen Eva, la Hija de Sion, el Arca de la Alianza y la Reina Madre de Israel. Según los autores del Nuevo Testamento, María es la culminación y cumplimiento de esos íconos del Antiguo Testamento, ella es la Nueva Eva, la verdadera Hija de Sion, el Arca de la Nueva Alianza, y la Reina Madre de todos los Pueblos.

En los siglos posteriores a la muerte y resurrección de Cristo, la Iglesia ha seguido reflexionando en esas imágenes de María, usando la noción de ella que tenían los autores del Nuevo Testamento como base para sus enseñanzas oficiales sobre la madre de Jesús. Estas enseñanzas incluyen: la Perpetua Virginidad de María, su papel como la Madre de Dios, y su Inmaculada Concepción, la doctrina de su Asunción y su Coronación como la Reina de los Cielos y de la Tierra.

El dogma de la Asunción no nos dice si María murió o no murió al final de su vida terrenal antes de ser asunta al cielo. La Iglesia no ha tomado y no lo hará seguramente, una postura al respecto. Los más grandes teólogos de la Iglesia han expresado posturas distintas sobre este tema y cada postura ha encontrado argumentos válidos.

Lo que la Iglesia sí enseña con certeza, es que al final de su tiempo en la tierra, María fue llevada cuerpo y alma al cielo y allí, se sienta a la derecha de Jesús, su Hijo, como Reina del Cielo y de la Tierra.

Para finalizar:

Da gracias a Dios por habernos dado a María. (Hazlo con tus propias palabras)

Medita un momento la vida de María, y en cómo nunca dejó de confiar en Dios a pesar de los momentos tan difíciles que pasó. Medita también en la Consagración: ¡Vas a ser esclavo de María!

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…

En el en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!

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