Tema 8: UNA MADRE CORONADA EN GLORIA

La Antigua alianza

El título de María como ‘María de Dios’ no solo es el más usado comúnmente para nuestra Señora, sino que es uno de los títulos más antiguos. La maternidad de María ilumina una de las grandes verdades de Jesucristo: Él es verdadero Dios y verdadero Hombre una persona con dos naturalezas.

Nuestra Señora de Knock

La gente del condado de Mayo, en Irlanda, sufrió mucho a mediados del siglo XIX. Una hambruna tras otra trajo dificultades económicas, desalojos, personas sin hogar e inmigración. El año de 1879 fue particularmente difícil: la hambruna ese año les recordó a las personas mayores la terrible hambruna que sufrieron a fines de la década de 1840. Otras de las dificultades eran las presiones anticatólicas de los señores feudales británicos, sin embargo, los irlandeses mantuvieron la fe a pesar de todo.

La tarde del 21 de agosto de 1879, dos mujeres llamadas María, volvían a sus casas caminando bajo la lluvia y pasaron por la parroquia San Juan Bautista; a pesar de que estaba lloviendo, vieron algo que las obligó a detenerse: ahí, suspendida en el aire de la pared sur de la iglesia, había una mujer y de inmediato supieron que era la Virgen María. Estaba acompañada por otras dos figuras, que ellas identificaron como san José y San Juan Apóstol. Junto a Juan había un altar y sobre éste, había un cordero, que las videntes consideraron que era una representación de Jesús, el Cordero de Dios.  Alrededor de los santos también se podían ver ángeles.

A pesar de había una fuerte lluvia, las dos Marías se quedaron observando. Ellas invitaban a los que pasaban a venir donde ellas, y al poco tiempo, se había reunido una pequeña multitud que incluía hombres, mujeres, adolescentes, niños pequeños y ancianos. Todos vieron la misma visión cubierta de una luz blanca: la Virgen María tenía una corona dorada y una túnica blanca. Uno de los videntes se acercó para besar sus pies, pero no sintió nada más que la pared.

Aquellos que fueron testigos de la aparición, se quedaron parados bajo la lluvia durante dos horas rezando el Rosario. El suelo que pisaban se hizo lodo. Pero el suelo alrededor de las figuras se mantuvo completamente seco durante toda la aparición. No hubo palabras ni mensajes en la visión de Knock, solo la presencia de la imagen. Fue como si el cielo se abriera para un pueblo que sufre, tal como observamos en el Apocalipsis: estaba el altar celestial, estaba el Cordero de Dios, estaba la Reina de los Cielos asistida por los ángeles.

Después de la visión, muchas personas en el pueblo aseguraron haber experimentado curas milagrosas de graves enfermedades. La noticia se difundió y pronto llegaron periodistas pertenecientes a varias publicaciones de todo el mundo. El Obispo local condujo una investigación e identificó a quince personas como testigos. Después de recabar su testimonio, el Obispo declaró que la visión era fidedigna. La devoción se propagó rápidamente. La gente viajaba a Knock en busca de milagros, y muchos dejaron recuerdos de su sanación, como muletas, bastones o parches oculares.

Con el tiempo, se hizo tradición que todas las diócesis de Irlanda hicieran una peregrinación anual a Knock. En 1979, el Papa San Juan Pablo II también hizo una peregrinación a Knock. Celebró la Misa allí junto al muro de la aparición. En la visión de Knock, cristianos ordinarios vieron lo que el Apóstol Juan contempló en su visión mientras estaba exiliado en Patmos. Ellos vieron que Cristo estaba presente en medio de su Pueblo en el altar en cada Misa, Que los santos cuidaban de sus hermanos en la tierra y a los ángeles que contemplaban el rostro de Dios y a la vez, velaban por su pueblo en la tierra. Ellos vieron los ojos de una madre amorosa, una madre que es omnipotente en su intercesión. Aunque no se pronunciaron palabras en Knock, el mensaje aún resuena fuerte y claro.

La Madre coronada en gloria

María fue prefigurada por la gran gébirah, la figura de la Reina Madre del reino davídico, que aconsejaba a su hijo soberano y que actuaba como intercesora para el pueblo llevando las necesidades del pueblo ante el rey. El reino davídico es la clave para comprender el Reino de Jesucristo: a Jesús se le identifica como el Hijo de David, el heredero del trono, lo que significa que María es la Reina Madre en este nuevo Reino establecido por Jesucristo.

Mateo tomó la figura de la Reina Madre en el segundo capítulo de su Evangelio: “Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su
estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo».

Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. «En Belén de Judea, le respondieron, porque asíestá escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel».

Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje». Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino” Mt. 2, 1-12

En este pasaje, leemos que distinguidos visitantes del Oriente fueron a rendir homenaje a Aquel que aparentaba ser un pequeño niño, nacido en una familia común de la clase obrera, pero los visitantes vieron las cosas de manera distinta: ellos han atravesaron el desierto para visitar al “rey de los judíos” recién nacido y lo que encuentran es al niño con su madre, María. En la corte de Salomón, cuando el rey recibía las visitas que llegaban a rendirle tributo, su madre estaba a su lado; lo mismo pasó con Jesús y María.

Como era la costumbre al visitar al rey, estos extranjeros llegaron a la humilde corte del recién nacido, trayendo regalos. Llevaron: oro, incienso y mirra. El oro y las especias eran tributos que los visitantes reales le entregaban a Salomón con frecuencia. La única otra vez que se mencionan juntos la mirra y el incienso es en el Cantar de los Cantares, cuando forman parte de la ceremonia del día de celebración de las bodas de Salomón: “Salgan a contemplar al rey Salomón, con la corona que le ciñó su madre, el día de su boda, el día de su alegría” Cant. 3, 11

En forma detallada, Mateo propone esta imagen del niño Jesús, el perfecto Hijo de David, presidiendo la corte de la misma manera que Salomón, el original hijo de David. Lucas también afirma que María es la Reina Madre; en la Anunciación, el ángel Gabriel le dice a María que dará a luz un rey que gobernará desde el trono de David. El ángel está claramente dirigiéndose a la nueva Reina Madre de este nuevo reino davídico: “Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin»” Lc. 1, 31-33

Uno versos más adelante, en su relato de la Visitación, Lucas nos muestra a otra persona que reconoce a María como la Reina Madre, ¡Isabel!: “¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?” Lc. 1, 43 El título “Madre de mi Señor” que usa Isabel está lleno de significado de realeza; en el antiguo Israel, las personas se dirigían al rey como “mi Señor”, lo que indica que la Reina Madre es la madre de “mi Señor” (del rey). Al usar este título al dirigirse a María, Isabel la reconoce como la nueva Reina Madre.

Una mujer vestida del sol

La última mención de la Reina Madre en la Biblia, se encuentra en el pasaje del Apocalipsis capítulo 12, la mujer vestida del sol que dio a luz a un varón que regiría al mundo: “Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza” Ap. 12, 1 Muchos de los símbolos en este libro pueden ser difíciles de interpretar y con los años, ha habido varias interpretaciones sobre quién es exactamente esta mujer vestida del sol.

Para los católicos, la mujer representa tres cosas: a María, al pueblo de Israel y a la Iglesia. Los signos y símbolos, no son representaciones literales, por lo cual, pueden significar más de una cosa. ¿Por qué la Iglesia le atribuye el significado de este símbolo a María? Primero, la “gran señal” es una mujer dando a luz. Esto nos recuerda la profecía de Isaías donde la señal del restablecimiento del reino sería justamente una mujer dando a luz.

En segundo lugar, se describe a este niño como el que gobernará a todas las naciones con cetro de hierro, que es exactamente cómo se describe al Mesías en el Salmo: “Voy a proclamar el decreto del Señor: Él me ha dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. Pídeme, y te daré las naciones como herencia, y como propiedad, los confines de la tierra. Los quebrarás con un cetro de hierro, los destrozarás como a un vaso de arcilla” Sal. 2, 7-9. La mujer vestida del sol tiene una corona de 12 estrellas sobre su cabeza; esas estrellas también son un símbolo, representando a las 12 tribus de Israel y a los 12 apóstoles.

En el Antiguo Testamento, la Reina Madre usaba una corona: “Digan al rey y a la reina madre: Siéntense en el suelo, porque se les ha caído de la cabeza la corona de gloria” Jer. 13, 18 El Apocalipsis nos presenta a María coronada y en un trono, como la Reina Madre. La Reina Madre está en el trono en los cielos con su hijo, el rey. El perfecto cumplimiento de la promesa de la restauración del Reino. Esta entronización no le quita ningún mérito a su Hijo, la gloria del rey. De la misma manera, en la antigua Israel, la Reina Madre no les quitaba la gloria a los reyes de Israel,
sino todo lo contrario. El hecho de que el rey sea glorioso, es lo que hace a su madre también gloriosa. La gloria de ella es una participación de la gloria de Él. A ella se le honra como una forma de honrarlo a Él.

Conclusión

Da gracias a Dios por habernos dado a María. (Hazlo con tus propias palabras)

Medita un momento la vida de María, y en cómo nunca dejó de confiar en Dios a pesar de los momentos tan difíciles que pasó. Medita también en la Consagración: ¡Vas a ser esclavo de María!

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…

En el en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!

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