El día de mañana celebraremos la llegada de los Reyes Magos para visitar y adorar al Niño Dios.

¡Feliz Epifanía! (que quiere decir manifestación).

En México lo celebramos el domingo pasado, 3 de enero, pero en otros países será mañana, 6 de enero.

Una hermana de la comunidad nos comparte esta reflexión:
Los Reyes traen regalos al niño Jesús. Pero ellos reciben el regalo de los regalos.

Los reyes magos se dispusieron a seguir la estrella para encontrarse con el Rey de reyes. No sabían cómo sería ese encuentro ni en qué condiciones. Ni mucho menos se imaginaban como se vería aquel Rey.

De la manera más ordinaria y humilde encuentran al Rey de reyes no en un trono de oro, sino en un pesebre de madera de establo.
Cobijado no con una capa de rey sino con el dulce y tierno amor de María que lo calienta en su pecho.

No lo encuentra en un castillo rodeado de oro, guardias, lámparas y manjares costosos, compartiendo con los ricos en gran fiesta.
Lo encuentran en una cueva ordinaria, adornada, no con oro sino con la misma creación natural de los animales, tierra y plantas como revestidos del origen y custodiados no por guardias ni con armas, sino con Ángeles que cantan el Gloria, no con lámparas de cera o antorchas, sino la luz natural de las estrellas que tapizan el Cielo.

No con manjares costosos y amigos de prestigio, sino con el alimento del amor que se comparte entre los más pobres que lo reconocen, tampoco se encuentran con el festín que no termina en exceso de vino, sino en el gozo del Espíritu Santo que sacia el alma y la emborracha.

Esta fue la escena en la que se encontraron los reyes magos. El don más grande que recibieron fue encontrarse con Dios de la manera más ordinaria.

Esta es la Gracia que debemos pedir y a la que se refiere San Ignacio de Loyola en sus ejercicios Espirituales: Reconocer la presencia de Dios en mi vida ordinaria diaria y ver no con los ojos humanos sino con los del alma mi alrededor y descubrir que aún en las adversidades está presente la acción de Dios y sobre todo está su amor.

La palabra de Dios nos dice que los reyes estaban en gozo que se postraron a adorarlo. Los invitados de honor fueron los pobres pastores que no teniendo nada se fueron gozosos y llenos de Dios. Así cada momento de nuestra vida sea llena de este Gozo.

Con los corazones encendidos en fuego. Amén

¡Dios los bendiga!