¡Doctor de la Iglesia! 

“Llevemos íntegra y con plena semejanza la imagen de nuestro Creador: no imitándolo en su soberanía, que sólo a él corresponde, sino siendo su imagen por nuestra inocencia, simplicidad, mansedumbre, paciencia, humildad, misericordia y concordia”, nos dice San Pedro Crisólogo, Padre y Doctor de la Iglesia, en uno de sus hermosos sermones. La Iglesia recuerda a este santo del s. V cada 30 de julio.

Nació en Imola, Italia alrededor del año 400, fue estudiante de las ciencias sagradas y formado por Cornelio, Obispo de Imola quien más tarde lo ordenó diacono.

Al paso del tiempo su excelencia el papa San Sixto III ordenó a Pedro como obispo, quien se trasladó a Rávena para llevar a cabo su misión.

A su llegada a Rávena fue tratado por el pueblo con frialdad y gran indiferencia; sin embargo, por su sencillez, cercanía y caridad se ganó logró ganarse su cariño. Estaba en contra del paganismo por lo que se dedicó en corregir abusos y desviaciones de su grey hacía la santa doctrina.

Se distinguía por tener una capacidad de empatía, escuchaba con atención y por igual a humildes, poderosos; siempre tenía una palabra precisa para ellos en su vida. Fue su devoción a la Santa Eucaristía que le otorgaba fortaleza ante sus luchas y en tareas difíciles, en especial le concedió las palabras correctas para alentar al pueblo a acercarse a Dios a través de los sacramentos, oración y enseñanzas,

Sus sermones contenían enseñanzas que alentaban a su pueblo a cambiar de vida, actos que hicieron que la gente lo llamaran “Crisólogo” (Palabra oro). Pedro se había convertido en el “hombre de las palabras de oro”.

Pedro murió en Imola en el año 451 y fue declarado Doctor de la Iglesia en 1729 por el Papa Benecdito XIII.

La vida de los santos nos conceden conocimientos especiales sobre el actuar de Dios en sus vidas, tomar lo mejor de ellas para adoptarlas para la nuestra es permitirnos tener un crecimiento personal y espiritual.

¡San Pedro Crisólogo, ruega por nosotros!