¡Su misión: Custodiar y amar a su esposa la Virgen María e hijo Jesús!

San José fue elegido por Dios para poner en sus manos la protección física y espiritual de la Santísima Virgen María y de Jesús.

Hombre justo, fiel y de gran entrega a Dios, aceptó su encomienda aunque con temor en principio dispuso su corazón a la voluntad del Padre. El primer acontecimiento que tuvo que superar José fue creerle a María que había sido llena de gracia y que estaba esperando al hijo de Dios en su vientre; desde ese momento el padre terrenal de Cristo protegió a su esposa e hijo pues se hizo responsable de su rol con cabeza de familia; custodiando hasta el final la vida de los dos.

Otro hecho importante, fue el llevarse a su familia a Egipto con la finalidad de cuidar la vida de Jesús ya que Herodes envío a matar a los niños menos de tres años

Como padre, José le enseñó a Jesús el oficio de carpintería dejando como aprendizaje el valor del trabajo, el esfuerzo para conseguir el pan de cada día, amar y honrar a sus padres que aunque terrenales supieron educarle en virtudes que fueron el gran tesoro que formaron el carácter de Cristo.

Venerarlo es poner delante de los ojos la figura de un excelente padre de familia, varón humilde, justo, fiel, trabajador; cuya única misión consistió en custodiar a sus dos tesoros más preciados: su esposa María y el hijo que él no engendró, Jesucristo, nacido por obra y gracia del Espíritu Santo y al que amo con todo su corazón.

Es también un custodio de la Santa Iglesia Católica, de las familias y matrimonios por lo cual es de gran bendición encomendarse a este santo quien es ejemplo de vida para aquellos varones que deseen formar una familia, ser custodios de su esposa e hijos y así cumplir con el plan original de Dios que es habitar este mundo, conocer de su amor y ayudar a la salvación de la humanidad.

¡San José, ruega por nosotros!