¡El nombre de Jesús, luz de los predicadores! 

Huérfano y joven dedicado a las cosas de Dios, cuidaba su forma de hablar y actuar con gran pureza.

Durante su juventud se dedicó a cuidar y servir a los demás, a sus 22 años de edad entró a la comunidad Franciscana. Conocido por tener sermones y prédicas que movían el corazón, las tiendas y Universidades cerraban sólo para escucharlo, teniendo como efecto diversas conversiones de pecadores.

Dentro de la orden de los frailes Menores se ordenó como sacerdote, propagaba la devoción al Santísimo nombre de Jesús y a la Eucaristía.

Llevaba con él una imagen del Santísimo Sacramento del Altar con irradiantes rayos alrededor de la custodia, con el monograma JHS que él ayudó a popularizar como símbolo de la Eucaristía; fue gran reformador de la orden Franciscana.

Fue fundador de más de 200 monasterios y mediador entre bandos como los güelfos y los gibelinos.

Nació en Massa Marittima, territorio de Siena, (hoy en región Toscana, Italia), el año 1380 y murió en el año de 1444 a los 63 años de edad.

Santo incorrupto, sepultado en Aquila; su ataúd sangró hasta que los bandos vivieron en armonía y paz; pues estos peleaban por el poder de la ciudad.

Fue canonizado ya en 1450 por el papa Nicolás V, solamente seis años trás su muerte. En la Iglesia católica, se le honra el día 20 de mayo, en la fecha de su muerte.

Fue predicador hasta el último día de su muerte y así con él; pidamos la gracia de Dios para predicar con nuestras buenas acciones el Santo nombre de Jesús, ayudar a los enfermos elevando una oración, Adorando con fervor la Santa Eucaristía. 

¡San Bernardino de Siena, ruega por nosotros!