Queridos hermanos el día de hoy queremos compartirles esta reflexión, esperamos que sea de gran ayuda para su vida.

Ya nos aproximamos a la gran fiesta del Tridum Pascual:

1-La institución de la Eucaristía

2-La Pasión de Jesús

3- Y su Resurrección

El Señor nos regale en este tiempo” la gracia de una profunda conversión que nos disponga a altos grados en perfección de amor”.

La Cuaresma es un tiempo de reconciliación con Dios, con otros y con uno mismo: el fruto de esto es la paz.

Es tiempo de perdonar y pedir perdón, solo así sanaremos las heridas más profundas.

Es tiempo de reconocer que somos limitados en gran humildad y que nuestro Señor es el centro de nuestra vida; en Él vivimos, nos vemos y existimos. Es tiempo de levantar la Cruz en nosotros mismos y abrazarla con mucho amor porque también de ella se desprender una gran luz en la conciencia, nos unimos a Él. Pero, en este abrazar la Cruz, no solo abracemos nuestras cruces, abracemos la Cruz de nuestros hermanos que más nos necesitan. Sólo en este abrazo podemos unirnos todos, en la verdad y en esta unidad con Él tomaremos la fuerza para que el mundo sea conquistado en “La Pasión de Amor de Dios”.

Nuestra vocación es ser Santos y, nuestra misión es llegar al Cielo. Este es el propósito por el cual  ha venido Jesús, y por eso ha sufrido, para rescatarnos del pozo tenebroso y llevarnos al estado de Gloria Eterna.

No hay medios o caminos mediocres. Determinemos (así dice Santa Teresa de Ávila: “ determinada determinación”), a seguir el camino de perfección.

La vida en la tierra es única e irrepetible ¡aprovechémosla! ¡Dios quiere!

Que la sangre preciosa de nuestro Señor Jesús nos lave, purifique y santifique.

Nuestro lema: ¡Tengo celo por el Señor! y deseo unirme en Amor con Él; la Trinidad: Llama de Amor viva.

“Señor Jesús, sana nuestras heridas”.