¡Patrona de las Novias y la Pureza!

Santa Inés virgen y mártir fue una niña conocida por su gran amor a Dios quien entregó su vida por defender su castidad y fe.

Ella es una de las siete mujeres que, junto con la Santísima Virgen María, son conmemoradas por su nombre en el Canon de la Misa. Es la patrona de la castidad, pureza, novias, los jardineros, niñas, parejas comprometidas, sobrevivientes de violación, vírgenes y los hijos de María.

Nació alrededor del año 290, perteneció a una familia noble romana.

Recibió muy buena educación cristiana y había consagrado su virginidad a Jesús.

Debido a sus riquezas y hermosura fue pretendida por varios hombres, uno de ellos el hijo del alcalde de Roma quien le prometió matrimonio. Inés fiel a su esposo Jesús, le respondió: “He sido solicitada por otro Amante. Yo amo a Cristo. Seré la esposa de Aquel cuya Madre es Virgen, lo amaré y seguiré siendo casta”.

Ante la negativa, el hijo del alcalde la denunció como cristiana ante el gobernador el cual la amenazó a tal grado de enviarla a una casa de prostitución, donde acudieron muchos jóvenes licenciosos que no se atrevieron a acercarse pues se llenaron de terror y espanto al ser observados por la Santa.

Ningún varón pudo profanar ese cuerpo virgen, templo del Señor de la pura Santa Inés. El gobernador enfurecido la condenó a ser decapitada. La apresó y la amenazó con las llamas. Pero todo en vano. Finalmente resuelve condenarla a muerte degollada.

Antes de entregar su vida, Santa Inés le dijo al gobernador palabras que hasta la fecha resuenan en todo el mundo:

“La esposa injuria a su esposo si acepta el amor de otros pretendientes. Únicamente será mi esposo el que primero me eligió: Jesucristo. ¿Por qué tardas tanto verdugo? Perezca este cuerpo que no quiero sea de ojos que no deseo complacer”.

Al estar entre las llamas la Santa abría sus brazos para recibir a su amado esposo Jesús.

Gracias a su intensa y profunda fe, Santa Inés es modelo de santidad. Entregó su vida por Cristo. Algunos Padres de la Iglesia como San Ambrosio, San Agustín, San Jerónimo, San Dámaso, y algunos Papas entre otros, con sus testimonios hacen de ella una de las mártires más celebres y universales de la Iglesia.