El Covid-19 que surgió a finales de 2019 y que se se extendió rápidamente por todo el mundo a principios de 2020, a infectado a más de 91,3 millones de personas en el mundo y ha cobrado la vida de más de 1,9 millones de personas. Los números continúan aumentando diariamente, y la enfermedad ha impactado a unos 222 países, quebrantando a millones de familias en un ambiente de dolor, miedo, tristeza y desesperanza.

Como cristianos, debemos volver a Dios en tiempos de temor e incertidumbre como lo hacemos en tiempos de alegría y celebración. Te invitamos a unirte a nosotros en oración para que el Sagrado Corazón de Jesús y su Divina Misericordia, habite en todos nosotros, nos proteja, auxilie a nuestros enfermos y nos muestre cómo enfrentar los desafíos que plantea esta enfermedad.

Oración contra el coronavirus

Señor Jesús, nuestro Médico Divino
te pedimos que nos guardes y protejas del coronavirus
y de todas las enfermedades letales.

Ten piedad de todos los que han muerto.
Sana a todos los que están enfermos y se Tú el oxígeno que ellos necesitan. Que puedan sentir tu poder de curación a través del cuidado de médicos y enfermeras.

Ilumina a todos los científicos que trabajan arduamente por la eficacia de tratamientos y vacunas. Fortalece y protege a todos los médicos y asistentes sanitarios
que están atendiendo en estos momentos a los enfermos.

Dales la victoria a todos los responsables civiles
que están intentando limitar el contagio,
y dale la paz a todos los que tienen miedo y están preocupados,
especialmente a los ancianos y las personas en situación de riesgo.

Que tu Preciosa Sangre sea nuestra defensa y salvación.
Por tu gracia transforma el mal de la enfermedad
en estos momentos de consolación, crecimiento en la fe y esperanza.

Que temamos el contagio del pecado más que cualquier otra enfermedad.
Nos abandonamos con toda confianza en tu infinita misericordia.
Amén.

“Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar…”

— Salmo 46, 1-2