Siempre Madre

Como Madre eterna, María cuida de nosotros y nos guía a la intimidad con su Hijo. Por esta razón, ella es llamada Co-Redentora, Medianera y Abogada, títulos que identifican su papel único en la historia de la salvación. Algunas personas se oponen a los títulos marianos de “Co-Redentora”, “Medianera” y “Abogada”. Estos títulos causan un poco de temor entre nuestros hermanos separados, pero en realidad son títulos bíblicos.

El papado mariano de San Juan Pablo II

Desde su elección, el papado de San Juan Pablo II fue marcado por una profunda devoción a la Santísima Virgen María. Él tenía como lema las palabras “Totus Tuus”, del latín: “Todo tuyo”. Esta frase tomada de San Luis María Grignion de Montfort, expresa su consagración personal a María. Su amor por la madre de Dios afectaba todo lo que él hacía. Tenía la costumbre de terminar la mayoría de sus escritos, cualquiera que fuera el tema, con una referencia mariana: una breve oración por su intercesión o una reflexión acerca de su vida y virtudes.

Rezaba el rosario varias veces al día, escribió varias cartas sobre María a toda la Iglesia, tantas, que podría hacerse un libro con ellas. Pidió que se instalara una imagen prominente de María en la Plaza de San Pedro, e hizo peregrinaciones a los lugares de las apariciones marianas aprobadas por la Iglesia, celebrando Misa en cada lugar. Canonizó a Juan Diego, el mensajero de la Virgen de Guadalupe en México y declaró que la Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes debía considerarse la Jornada Mundial de los Enfermos.

Consagró a Rusia, y a todo el mundo, al Inmaculado Corazón de María, tal como ella lo había solicitado en Fátima. Declaró beatos a dos de los videntes de Fátima: Francisco y Jacinta. Visitó a Lucía, tercer vidente de Fátima, y conversó con ella y él interpretó su papado a la luz del tercer secreto de Fátima, que la Virgen había revelado a Lucía. Cuando el Santo Padre cayó por el impacto de bala de un asesino, pidió que le llevaran el archivo con los secretos de Fátima a su cama del hospital. Eventualmente, envió la bala que casi lo mata, para que la colocaran como una joya en la corona dorada de la Virgen de Fátima.

En su libro “Cruzando el umbral de la esperanza”, San Juan Pablo II cuenta que su inspiración por su devoción mariana viene de los libros de San Luis María Grignion de Montfort. En estas obras literarias él aprendió que:

• María nunca es algo que nos distrae de Jesús, sino el camino más seguro hacia Él

• “María es el medio más seguro, fácil, corto y perfecto para llegar hasta Jesucristo” San Luis María Grignion de Montfort, Tratado de la Verdadera Devoción, 55

• Ella siempre nos lleva a hacer lo que Él nos pide, tal como lo hizo con aquellos en las bodas de Caná. Fue Jesús en la cruz, quien la declaró madre de su discípulo amado, de todos sus discípulos amados para siempre.

En el mismo libro, San Juan Pablo II recuerda las visitas que realizó cuando era joven a la imagen venerable de la Virgen Negra en Częstochowa, Polonia. Como Papa, siguió haciendo muchas peregrinaciones e instó a los fieles católicos a que hicieran lo mismo. Él nos convocó a todos nosotros a ir a los sitios de apariciones marianas para ser convertidos, para entregarnos totalmente, como él mismo lo hizo, a la Santísima Madre y a su divino Hijo, Jesús:

“Todo itinerario de peregrinación es un tiempo fuerte en la vida espiritual del cristiano, que descubre así la fuerza de la oración, que unifica el ser y es la fuente del testimonio que cada uno está llamado a dar, y de su misión. Con María, llegamos a ser hijos humildes en las manos del Señor, pidiendo perdón por nuestras faltas, y reencontrando de este modo la alegría de los hijos de Dios, que saben que son amados infinitamente y que, por tanto, tienen un deseo profundo de convertirse” Juan Pablo II, Mensaje a Mons. Albert Houssiau, Obispo de Lieja por el 50 aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Banneux, Bélgica

Si no tenemos la salud o el dinero para hacer un viaje al exterior, aun así, podemos hacer nuestras peregrinaciones a María, tal como lo hizo San Juan Pablo II.

▪ Ella nos espera en los sencillos santuarios o imágenes marianas de nuestras parroquias.
▪ También nos espera en los rincones silenciosos de nuestros hogares.
▪ Ella espera la peregrinación de nuestros corazones, nuestro constante apego a Jesús.

Para San Juan Pablo II, como para miles y miles de cristianos, María es la mujer más maravillosa que ha existido. Pruebas de la Asunción A pesar de que la Asunción de María no está explícitamente en la Biblia, los fundamentos de la enseñanza están bien enraizados en las Sagradas Escrituras. La misteriosa visión de Juan sobre la mujer vestida del sol en el Apocalipsis, describe a María como el Arca de la Nueva Alianza, la Hija de Sion, la Nueva Eva, la Madre de la Iglesia y la Reina Madre.

Todas estas imágenes que Juan utiliza, estas conexiones que hace con el Antiguo Testamento, sirven como un bosquejo bíblico de este dogma de la Asunción. La otra pieza del rompecabezas, es el testimonio oral de la Iglesia: los escritos de los papas, obispos, teólogos y santos que por tanto tiempo han dado certificación de su Asunción y Coronación.

Al igual que el dogma de la Inmaculada Concepción, el dogma de la Asunción fue oficialmente declarado hace relativamente poco tiempo; sucedió en 1950, cuando el Papa Pío XII firmó la constitución apostólica Munificentissimus Deus (Benevolísimo Dios). Pero al igual que la Inmaculada Concepción, el dogma de la Asunción no es nada nuevo. Desde el principio de la cristiandad, la Iglesia ha enseñado que María fue asunta al cielo al final de su vida en la tierra, y en el documento Munificentissimus Deus, en su declaración del dogma, Pío XII citó los antiguos testigos de dicha verdad.

Ya desde el siglo IV, los primeros cristianos escribían sobre la Asunción de María. Para el siglo VI, no solo la doctrina era aceptada sin problema, sino que ya se había establecido una fiesta para conmemorar el acontecimiento. Aunque la mayoría de los documentos que tenemos de la Iglesia primitiva redactan todos los desafíos hechos a la fe cristiana, no hay ninguna documentación con objeciones a la Asunción de María. Esto indica que nadie disputaba la doctrina.

Es aún más notable que, durante la época de los Padres de la Iglesia, ninguna Iglesia o ciudad jamás declaró poseer los huesos de la madre de Jesús. Esto es muy extraño, ya que las Iglesias y ciudades de los primeros siglos después de Cristo, competían apasionadamente entre ellas por la posesión de los huesos de los grandes mártires y de los apóstoles. Si los huesos de María se hubieran quedado en la tierra, hubiesen sido el gran premio para toda la cristiandad. Es más, la búsqueda de sus reliquias y el transporte de ellas de una ciudad a otra, hubiese sido muy bien documentado, pero el registro histórico no tiene absolutamente nada acerca de relicarios marianos, además de su tumba vacía, la cual dos ciudades la reclaman: Jerusalén y Éfeso.

Hay escritos y homilías del siglo IV en adelante sobre la Asunción. La mejor predicación existente sobre la doctrina, viene del último Padre oficial de la Iglesia: San Juan de Damasco, también llamado San Juan Damasceno, quien murió a mediados del siglo VIII. En sus homilías sobre la Asunción, san Juan usaba las mismas lecturas que la Iglesia usa hoy en la Misa para la fiesta de la Asunción. Él se enfocaba particularmente en María como el Arca de la Nueva Alianza, pero también relacionaba la asunción de María con su papel como la nueva Eva, resaltando lo apropiado que era, que ella fuese asunta al cielo para estar con su Hijo.

En una de las homilías dijo: “Hoy, el Edén del nuevo Adán recibe su Paraíso viviente, donde nuestra sentencia ha sido revocada… Eva escuchó el mensaje de la serpiente, y… junto con Adán, fue condenada a muerte y delegada a los recovecos del Limbo. ¿Pero cómo podría la muerte tragar esta santísima alma, la cual escuchó humildemente la Palabra de Dios? ¿Cómo se atrevería la corrupción a tocar el cuerpo que había portado vida? Tales pensamientos son aborrecibles y totalmente repugnantes con respecto al cuerpo y alma de la Madre de Dios” San Juan Damasceno, Homilía II sobre la Asunción de María, 174-177, siglos VII y VIII

En este pasaje, San Juan Damasceno hizo un argumento muy similar al Papa Pío XII en Munificentissimus Deus, argumentando que María fue asunta cuerpo y alma al cielo porque era conveniente, era apropiado. Hay pruebas bíblicas para creer en la Asunción de María, pero también existe bastante evidencia histórica a favor del dogma.

Finalmente, podemos decir que la Asunción de María tiene sentido. Como escribió el Papa Pío XII cuando declaró el dogma: “De tal modo, la augusta Madre de Dios, arcanamente unida a Jesucristo desde toda la eternidad «con un mismo decreto» de predestinación, inmaculada en su mconcepción, Virgen sin mancha en su divina maternidad, generosa Socia del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sobre sus consecuencias, al fin, como supremo coronamiento de sus privilegios, fue preservada de la corrupción del sepulcro y vencida la muerte, como antes por su Hijo, fue elevada en alma y cuerpo a la gloria del cielo, donde resplandece como Reina a la diestra de su Hijo, Rey inmortal de los siglos (cfr. 1 Tim 1, 17)” Pío XII, Munificentissimus Deus, 40

La Fiesta de la Asunción de María

Al igual que con la Inmaculada Concepción, por mucho que esto parezca algo nuevo, la Asunción de María, realmente no lo es. Hemos escuchado esta interpretación de los textos bíblicos muchas veces; lo hacemos cada vez que asistimos a Misa en agosto 14 o 15, en la Fiesta de la Asunción y la Vigilia de la Asunción.

1) La vigilia de la fiesta, el 14 de agosto, tiene las siguientes lecturas:

• Comienza con la lectura del Primer Libro de las Crónicas 15, 3-4. 15-16; 16,1-2, y, en ese pasaje, David trae el arca del Señor al lugar que le había preparado.
• El Salmo para la vigilia también celebra este evento: “Ven, Señor, a tu morada”.
• La epístola de San Pablo en Primera de Corintios 15, 54-57, da gracias por la victoria sobre la muerte conquistada en nuestro nombre por Cristo.
• La lectura del Evangelio es tomada de Lucas 11, 27-28, celebrando a María no solo como la Madre de Cristo, sino porque escuchó la palabra de Dios y creyó.

2) La Misa de la misma fiesta el 15 de agosto, continúa con las siguientes lecturas:

• Comienza con una lectura del Apocalipsis del apóstol san Juan: 11, 19; 12, 1-6.10: la visión del Arca en el templo celestial.
• El Salmo 44, 10.11. 12. 16, describe a la reina de pie a la derecha del rey: “De pie, a tu derecha, está la reina”.
• La primera epístola del apóstol San Pablo a los corintios: 15, 20-27, describe a Cristo Rey poniendo a sus enemigos bajo sus pies, el último enemigo, siendo la muerte.
• Por último, el Evangelio según san Lucas: 1, 39-56, nos habla sobre la visitación a Isabel.
▪ Ese pasaje representa a María como Arca de la Alianza.

La Reina del Cielo y de la Tierra

Las Escrituras, la tradición y la Liturgia de la Iglesia iluminan la verdad sobre la Asunción de María a los cielos, pero, ¿qué nos dicen sobre su papel de Reina del Cielo y de la Tierra? ¿Qué nos dicen que ella hace como Reina Madre del Reino de Dios? María tiene la misma responsabilidad que tenían las Reinas Madre de Israel; la Reina Madre era la intercesora principal del Pueblo: “Betsabé fue a presentarse al rey Salomón para hablarle
de Adonías. El rey se levantó, fue a su encuentro y le hizo una inclinación. Luego se sentó en su trono, mandó poner un trono para la madre del rey, y ella se sentó a su derecha” 1ª Re 2, 19

Este pasaje, aunque breve, dice mucho sobre el papel de la reina madre. Primero, nos dice por qué la reina madre se ha presentado ante su hijo; ha venido a poner una petición de otra persona ante el rey. El pasaje también dice que el rey se pone de pie cuando su madre entra al salón. Esto es importante, ya que, con la excepción de su madre, el rey no se pone de pie por nadie, sino que todos los demás se ponen de pie cuando él entra al salón. No solo el rey se pone de pie, sino que además le hace una reverencia a su madre, y después hace que se siente a su derecha.

¿Qué nos dicen esas acciones de Salomón con respecto a la Reina Madre? Primero, nos dicen que ella no amenaza ni su potestad, ni su autoridad. Él le hace una reverencia, pero sigue siendo el rey. Ella se sienta a su derecha, no es el rey quien se sienta a la derecha de la reina. También demuestra que él desea cumplir sus peticiones. El rey escucha a lo que ella dice. ¡Lo mismo puede decirse de Jesús y María!

En las bodas de Caná, María se acercó a su hijo para interceder por una pareja necesitada y ella aconseja a su hijo sobre el asunto, y aconseja a otros que obedezcan a Él, no a ella, con las palabras “hagan lo que Él les diga” Jn 2, 5 Aunque Jesús sigue siendo superior a su madre, le concede su pedido y convierte el agua en vino. Lo que hizo la reina madre en el tiempo de Salomón, y lo que hizo María en las bodas de Caná, es lo que María sigue haciendo en el cielo: ella intercede por sus hijos de la tierra, ante su Hijo en el cielo.

Esta obra de intercesión maternal, ilumina el pasaje del Apocalipsis 12, que describe la angustia de la mujer: “Estaba embarazada y gritaba de dolor porque iba a dar a luz” Ap. 12, 2 Aunque ella está en el cielo, todavía sigue en parto. ¿Por qué? El Papa Pío X respondió: “¿De qué parto? Sin duda del nuestro, porque nosotros, detenidos todavía en el destierro, tenemos que ser aún engendrados a la perfecta caridad de Dios y la felicidad eterna. Los trabajos de la parturienta indican interés y amor; con ellos la Virgen, desde su trono celestial, vigila y procura con su asidua oración que se engrose el número de los elegidos” Pío X, Ad Diem Illum Laetissimum, 2 de febrero de 1904

See pueden hablar de tres partos de María, como madre:

1) El parto indoloro de Jesús.
2) El parto de Juan en la cruz, con los dolores de la espada que atravesó su corazón.
3) El parto de nosotros.

Para finalizar:

Da gracias a Dios por habernos dado a María. (Hazlo con tus propias palabras)

Medita un momento la vida de María, y en cómo nunca dejó de confiar en Dios a pesar de los momentos tan difíciles que pasó. Medita también en la Consagración: ¡Vas a ser esclavo de María!

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…

En el en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!

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