Una gran señal en el cielo

Al igual que la Inmaculada Concepción, la Asunción de María no está explícitamente redactada en la Biblia. Pero, al igual que con la Inmaculada Concepción, el fundamento de la enseñanza está bien enraizado en las Sagradas Escrituras; concretamente, está establecida en la visión misteriosa de Juan documentada en Apocalipsis: “En ese momento se abrió el Templo de Dios que está en el cielo y quedó a la vista el Arca de su Alianza, y hubo rayos, voces, truenos y un temblor de tierra, y cayó una fuerte granizada. Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza” Ap. 11, 19 – 12, 1

El Arca de la Alianza había desaparecido alrededor del año 586 a. C., época en que los babilonios invadieron Israel y destruyeron el reino. En un intento de proteger el Arca de los invasores, el profeta Jeremías la escondió en el Monte Nebó (cfr. 2ª Mc. 2, 4-8). En ese momento, Jeremías predijo que el Arca permanecería escondida hasta que Dios reuniera a su pueblo nuevamente y mostrara su misericordia. Los profetas creían que este restablecimiento sería una gran unificación de todos los exilios de Israel. Esto sería un “nuevo éxodo” que culminaría con todas las naciones del mundo alabando a Dios en el templo de Jerusalén.

Cuando predijo el retorno del Arca, Jeremías aludió al primer éxodo liderado por Moisés, y también aludió al reino y al templo, prometiendo que la gloria del Señor se vería en una nube, la cual señalaba la forma en que la presencia de Dios se manifestó en el Tabernáculo en la época de Moisés y también cómo se manifestó en el Templo en la época de Salomón. El retorno del Arca sería una señal de que la presencia de Dios había regresado a Israel, y sería una señal de que una vez más, Él moraba entre su Pueblo. Todos los israelitas sabían que, si no había Arca, no había presencia de Dios, pero Jeremías profetizó que Dios volvería nuevamente a morar con su Pueblo.

En el Libro del Apocalipsis, descubrimos que ese momento finalmente llegó. Todas las imágenes que Jeremías mencionó están allí, conectando la llegada de Cristo, con el prometido regreso de Dios con su Pueblo. Más específicamente están presentes en Apocalipsis 11. La visión de Juan evoca deliberadamente la “teofanía” o aparición de Dios a Moisés en el Monte Sinaí, en el Antiguo Testamento. En el Monte Sinaí: “Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos, una densa nube cubrió la montaña y se oyó un fuerte sonido de trompeta. Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció de temor. Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y todos se detuvieron al pie de la montaña” Ex. 19, 16-17

La visión de Juan: “Cuando el séptimo Ángel tocó la trompeta, resonaron en el cielo unas voces potentes que decían: «El dominio del mundo ha pasado a manos de nuestro Señor y de su Mesías, y él reinará por los siglos de los siglos». Y los veinticuatro Ancianos que estaban sentados en sus tronos, delante de Dios, se postraron para adorarlo, diciendo: «Te damos gracias, Señor, Dios todopoderoso el que es y el que era- porque has ejercido tu inmenso poder y has establecido tu Reino. Los paganos se habían enfurecido, pero llegó el tiempo de tu ira, así como también el momento de juzgar a los muertos y de recompensar a tus servidores, los profetas, y a los santos y a todos aquellos que temen tu Nombre -pequeños y grandes- y el momento de exterminar a los que corrompían la tierra». En ese momento se abrió el Templo de Dios que está en el cielo y quedó a la vista el Arca de su Alianza, y hubo rayos, voces, truenos y un temblor de tierra, y cayó una fuerte granizada” Ap. 11, 15-19

En griego, las palabras del Apocalipsis 11, 19 traducidas como “relámpagos y truenos” son las mismas que las del libro del Éxodo. Al igual que Moisés escuchó la trompeta, Juan también escucha trompetas y fuertes voces en el cielo casi inmediatamente antes de que apareciera el Arca. La violenta granizada que Juan contempla, también recuerda la terrible tormenta de granizo que Dios desató sobre el faraón: “Pero mañana, a esta misma hora, haré caer sobre Egipto una terrible granizada, como no la hubo desde su fundación hasta el presente” Ex. 9, 18

La escena en la que aparece el Arca también repite la historia del Antiguo Testamento que describe la caída de Jericó. Ese episodio marcó la entrada de Israel a la Tierra Prometida y el fin de todos esos años errando por el desierto: “A la mañana siguiente, Josué se levantó de madrugada y los sacerdotes tomaron el Arca del Señor. El séptimo día se levantaron al despuntar el alba y dieron siete vueltas alrededor de la ciudad, de la manera acostumbrada: sólo ese día dieron siete vueltas alrededor de la ciudad. Al dar la séptima vuelta, los sacerdotes tocaron con más fuerza las trompetas, y Josué dijo al pueblo: “Lancen el grito de guerra, porque el Señor les entrega la ciudad. Entonces el pueblo lanzó un fuerte grito y se tocaron las trompetas. Al oír el sonido de las trompetas, el pueblo prorrumpió en un griterío ensordecedor, y el muro se desplomó sobre sí mismo. En seguida el pueblo acometió contra la ciudad, cada uno contra lo que tenía adelante, y la tomaron” Jos. 6, 12.15-16.20

Al cruzar el río Jordán, los israelitas llegan a esta ciudad rodeada de altos muros. Ellos no atacaron con trabucos ni con las típicas armas, en lugar de eso, cargando el Arca, los israelitas marcharon alrededor de Jericó por 7 días, y rodaron la ciudad 7 veces en el séptimo día, tocando la trompeta hasta que las paredes de la ciudad finalmente se derrumbaron. En el Apocalipsis, las trompetas también suenan y hay terremotos, indicando el
comienzo de un nuevo mundo, el reino eterno de Jesús. Juan nos muestra con estas imágenes que ha llegado la hora del cumplimiento de la
profecía de Jeremías y la promesa de un nuevo éxodo para Israel. ¡Cristo ha resucitado! El reino ha sido restaurado y el Arca revelada.

Y cuando el Arca se revela, ¡es una mujer! En el texto original, no había divisiones de capítulos o versículos. Juan anuncia en una sola oración que el Arca apareció en el cielo, y en la siguiente oración está describiendo lo que ve, una mujer, vestida del sol.La identidad de la mujer La identidad de la mujer de Apocalipsis 12 es multifacética:

1.Primero, a la mujer identificada con el Arca, es María, pues ella es la que dio a luz a Jesús: “La Mujer tuvo un hijo varón que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro. Pero el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono” Ap. 12, 5 Las palabras que Juan escoge en Apocalipsis 12, 1-2, parecen evocar deliberadamente la profecía de Isaías sobre el nacimiento del Mesías: “Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos: Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas. Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel” Is. 7, 10-11.14 Tanto en el Apocalipsis como en Isaías, leemos acerca de una señal en los cielos y de una mujer que da a luz a un hijo.

2.La mujer es la Hija de Sion.

En el Antiguo Testamento, la nación de Israel se solía representar como una mujer, una hija virgen desposada con Dios en una relación de alianza semejante al matrimonio. Los profetas Isaías y Miqueas también describieron a la Hija de Sion, Israel, atormentada, sufriendo en el exilio, esperando el nacimiento de su salvación. Todas las imágenes se unen en la descripción de esta mujer en el Apocalipsis, tanto en que “las angustias del parto le arrancaban gemidos de dolor”, y como la madre del hijo varón y otros descendientes.

“Retuércete y sufre, hija de Sion, como una parturienta, porque ahora vas a salir de la ciudad y habitarás al descampado. Tú llegarás hasta Babilonia y allí serás liberada; allí el Señor te redimirá de la mano de tus enemigos” Miq. 4, 10 “¡Sacúdete el polvo, levántate, Jerusalén cautiva! ¡Desata las ataduras de tu cuello, hija de Sion cautiva!”Is. 52, 2

Isaías, dijo aún más específicamente que la Hija de Sion, rodeada de los ruidos del Templo daría a luz a un hijo varón y a otros niños: “Una voz retumba desde la ciudad, una voz sale del Templo: es la voz del Señor que retribuye a sus enemigos. Antes de las contracciones, ella dio a luz; antes de que le llegaran los dolores, dio a luz un hijo varón. ¿Quién oyó jamás algo semejante, quién ha visto una cosa igual? ¿Se da a luz un país en un solo día? ¿Se hace nacer una nación de una sola vez? Pero Sion, apenas sintió los dolores, ha dado a luz a sus hijos” Is. 66, 6-8

3.En el Apocalipsis, Juan no solo usa las imágenes del Antiguo Testamento para asemejar a la mujer al Arca de la Alianza, a la Madre del Rey de reyes o a la Hija de Sion, sino también a la Reina Novia de Israel. La describe como: “vestida del sol con la luna bajo sus pies”. Ese lenguaje expresa lo que decía el profeta Isaías, quien, al presagiar la salvación de Israel, dijo que Israel estaría preparada como una Reina Novia radiante: “El sol ya no será tu luz durante el día, ni la claridad de la luna te alumbrará de noche: el Señor será para ti una luz eterna y tu Dios será tu esplendor. Tu sol no se pondrá nunca más y tu luna no desaparecerá, porque el Señor será para ti una luz eterna y se habrán cumplido los días de tu duelo” Is. 60, 19 20

La novia de Isaías se desposo con el Señor: “Serás una espléndida corona en la mano del Señor, una diadema real en las palmas de tu Dios. No te dirán más “¡Abandonada!”, ni dirán más a tu tierra “¡Devastada!”, sino que te llamarán “Mi deleite”, y a tu tierra “Desposada”. Porque el Señor pone en ti su deleite y tu tierra tendrá un esposo. Como un joven se casa con una virgen, así te desposará el que te reconstruye; y como la esposa es la alegría de su esposo, así serás tú la alegría de tu Dios” Is. 62, 3-5

La novia de Salomón en el Cantar de los Cantares, se describe de manera semejante: “¿Quién es esa que surge como la aurora, bella como la luna, resplandeciente como el sol, imponente como escuadrones con sus insignias?” Cantar 6, 10 Juan enfatiza la relación entre esta esta mujer y la novia de Israel cuando nos dice que esta mujer tiene una corona de doce estrellas. Esas doce estrellas son un símbolo patente de las 12 tribus de Israel. Por todo el Apocalipsis, las doce tribus se reconocen como un símbolo de los doce apóstoles, los representantes de la nueva Israel, el nuevo pueblo de Dios. Es decir, son un símbolo de la Iglesia.

4.Al igual que la Hija de Sion, fue un símbolo del pueblo elegido de Dios, Israel, la mujer en el Apocalipsis, también es un símbolo de la Iglesia. San Pablo, utilizando un lenguaje similar al del Apocalipsis, llamó a la Iglesia ‘Jerusalén celestial, Nuestra Madre’: “Pero hay otra Jerusalén, la celestial, que es libre, y ella es nuestra madre” Gal. 4, 26 Pablo también habló de la Iglesia como la Esposa de Cristo: “Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia” Ef. 5, 31-32 Juan se refiere a la Iglesia como una dama: “Y ahora te ruego: amémonos los unos a los otros. Con lo cual no te comunico un nuevo mandamiento, sino el que tenemos desde el principio” 2ª Jn. 1,5

5.La mujer del apocalipsis, es más que un símbolo de la Iglesia, porque también es la Madre de la Iglesia. Ella tiene a su hijo varón a quien da a luz, pero también tiene más descendencia. Esos hijos son descritos en el Apocalipsis como aquellos que observan los mandamientos de Dios y dan testimonio de Jesús: “El Dragón, enfurecido contra la Mujer, se fue a luchar contra el resto de su descendencia, contra los que obedecen los mandamientos de Dios y poseen el testimonio de Jesús” Ap. 12, 17

Para finalizar:

Da gracias a Dios por habernos dado a María. (Hazlo con tus propias palabras)

Medita un momento la vida de María, y en cómo nunca dejó de confiar en Dios a pesar de los momentos tan difíciles que pasó. Medita también en la Consagración: ¡Vas a ser esclavo de María!

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…

En el en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!

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