“Esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes”. Luego dijo: “Este es el Cáliz de mi Sangre, la Sangre de la nueva y eterna alianza, que será derramada por todos ustedes”. 

Durante la última cena, nuestro Señor Jesucristo celebró la institución de la Eucaristía junto a sus 12 discípulos; donde tomó el pan, lo repartió, y todos comieron de él, después tomó una copa de vino, la compartió y todos bebieron de ella.

Este profundo acto de amor, no es más que la propia entrega de Jesús mismo a través de la transubstanciación: Conversión de toda la sustancia del pan y el vino en el Cuerpo de Cristo.

Dios quiso quedarse entre nosotros por medio de la Santa Eucaristía para la salvación de la humanidad, ser consumido en el pan y vino que ofrece la Santa Misa; compartiendo así el misterio más grande de Amor con su amada: la Iglesia.

La última cena fue el sacrificio ofrecido a Dios Padre por Jesús para la salvación de las almas, fue la primer misa que el Sumo y Eterno Sacerdote por excelencia (Jesús) realizó con sus primeros seguidores: sus apóstoles; en representación de las 12 tribús y toda la humanidad.

La Santa Eucaristía es Cristo mismo, Él está en cada partícula del pan y el vino, está vivo y decidió quedarse entre nosotros con la finalidad de ser Adorado, contemplado y acudir a nuestro auxilio en los momentos de dolor. Podemos acudir a Él en la figura del Santísimo Sacramento del Altar, consumirlo en cada misa para hacernos uno con Él, adquiriendo así fortaleza para las tribulaciones de esta vida.

También, Jesús instituyó en este día el sacramento del Sacerdocio siendo Él, el primer sacerdote del mundo.

Cuando un sacerdote eleva el pan y el vino al momento de ser consagrados, Cristo dispone las manos del sacerdote para este gran milagro; a pesar de la debilidad del hombre, el Hijo de Dios no deja de depositarse en ese pequeño pedacito de pan pues Él es fiel a sus promesas y con misericordia continúa bajando del Cielo para alimentar a sus hijos más amados.

¡El Cuerpo y la Sangre de Cristo tienen poder! En este día en el que el Señor Jesús se ofreció en Cuerpo y Sangre glorifiquemos su santo nombre, honremos, y reparemos con nuestras buenas obras los sacrilegios que se hacen con cada Eucaristía.

“Bendito seas Señor en los Cielos y en la Tierra y en todo lugar, Bendito pan bajado del Cielo; honor y gloria a Ti Señor Jesús; gracias por quedarte entre nosotros tu amado pueblo”.

BENDECIDO JUEVES SANTO AMADOS HERMANOS.