La fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote se celebra el jueves posterior a Pentecostés, tiene su origen en la celebración del sacerdocio de Cristo y que tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II fue renovada por la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote.

San Juan Pablo II, en el documento “Ecclesia de Eucharistia” señala que “el Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de la nada”.

“De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad”.

La aprobación de esta fiesta fue concedida por primera vez por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el año 1987.

Jesús es el sacerdote por excelencia, es Sumo porque Él la misma ofrenda que se otorga a su mismo Padre, su vida a través de la Cruz, ofrecido en expiación por la redención y reparación de los pecados del hombre.

El sacerdocio de Cristo es eterno: “Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. Cristo es sacerdote paras siempre porque así como la Iglesia prevalece y no será destruida, del mismo modo su divinidad es desde siempre y para siempre”.

“El Señor ha jurado, y no se arrepentirá: tú eres sacerdote para siempre”.

La celebración de la fiesta, Sumo y eterno Sacerdote y Rey, debe ser contemplada, para todos los católicos como un día intensamente sacerdotal, es un día especial para Adorar y amar el sacerdocio de Cristo; ser agradecidos con Jesucristo por entregarse como ofrenda perfecta para la humanidad, otorgarnos su Cuerpo y Sangre  como alimento de vida eterna.

Elevemos nuestras oraciones pidiendo por todos los sacerdotes del mundo entero, por sus necesidades, salud física, mental y espiritual; por la paz de sus almas, ministerio, vocación y servicio para la Santa Iglesia.

Oración Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote; por los sacerdotes del mundo entero: 

“Señor Jesús, queremos rogarte hoy por todos los sacerdotes. Que cuando estén clavados en la Cruz del confesionario, pongas en ellos tu corona de luz en vez de tu corona de espinas. Que cuando, día a día, te traigan el pan convertido en tu cuerpo, no se les vuelva rutina sino diario milagro. Que su trato con las almas sea siempre para dejar en ellas el amor y el valor que Tú nos entregas. Que cuando jóvenes, tengan la fortaleza de tus últimos tres años y cuando viejos, sigan sintiendo que Dios alegra su corazón. Que espíritu viviente en carne y hueso, sean como Tú, profundamente humanos y perfectamente divinos. Que cuando el desánimo y la debilidad los agobien en el camino de su calvario, estés Tú, como Cirineo; para llevarles la Cruz y volvérselas gozo. Y que nunca falte quien de la vida por ellos, así como Tú la diste por nosotros. ¡Oh, Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, ruega por todos ellos y por tu amada Iglesia. Amén”.