¡Divino Niño Jesús, ruega por nosotros! 

Una de las devociones más bonitas dentro de nuestra Iglesia Católica es la veneración a Jesús en su advocación del Divino Niño Jesús.

Es luz en la sociedad, camino para quienes no desean la vida, para quienes roban la inocencia de los más pequeños; protector de los niños que son abortados y abandonados.

Jesús nos invita a ser como niños amorosos: “Yo les aseguro sino cambian y se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos”. (Mateo 18,3)

El principal objetivo de la devoción es la transformación del corazón para asemejarnos cada día más a Jesús, siendo dóciles a la voluntad de Dios Padre, construir su Reino aquí en la Tierra ayudando a las almas con nuestro testimonio a tener un acercamiento personal con Dios.

La devoción comenzó en Colombia en el año 1907, entre los Carmelitas y en la Comunidad Salesiana. Fueron tantos los favores concedidos que los devotos agradecidos propagaron la devoción por todas partes.

El niño extiende sus brazos hacía el Cielo queriendo alcanzar a su Padre y a cada uno de nosotros.

Su túnica rosada, cinturón verde y  pies descalzos manifiestan la naturaleza humana, inocencia y el amor de un niño.

"YO REINARÉ"

Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Él y solo Él renueva nuestros corazones para que seamos también nosotros hijos del Padre.

Esta devoción se hace en la misma fe que nos mueve a rezar en el Padre Nuestro: "Venga Tu Reino".

Dejar entrar a Jesús a nuestro corazón es permitirle que Él tome posesión del trono para redirigir el camino, es dejarle que tomemos juntos las mejores decisiones para saber combatir las fuertes dificultades de la vida y que mejor haciéndolo como niños, riendo, amando, perdonando, olvidando qué y quiénes nos han provocado heridas.

Abre y eleva tus brazos al Cielo con la confianza de que Dios Padre te dará un fuerte abrazo, recibe su amor que es el único que llenará el vació  tan profundo que sientes en tu corazón, pide inocencia y capacidad de asombro para reconocerlo a diario.

¡Seamos como niños!

ORACIÓN DE CONFIANZA AL DIVINO NIÑO.

Niño amable de mi vida, consuelo de los cristianos, la gracia que necesito, pongo en tus benditas manos.

Padre Nuestro...

Tú que sabes mis pesares pues todos te los confío, da la paz a los turbados y alivio al corazón mío.

Dios te salve María...

Y aunque tu amor no merezca no recurriré a Ti en vano pues eres Hijo de Dios y auxilio de los cristianos.

Gloria al Padre...

Divino Niño Jesús, bendecidnos.

CONSAGRACIÓN DEL HOGAR.

Divino Niño Jesús que bendices y proteges las casas donde está expuesta y es honrada tu Sagrada Imagen:

Te elegimos hoy y para siempre por Señor y Dueño de nuestra casa, y te pedimos que te dignes demostrar en ella tu poderoso auxilio, preservándola de las enfermedades, del fuego, del rayo, de las inundaciones, de los terremotos, de los ladrones, de las discordias, y de los peligros de la guerra.

Bendice y protege a las personas que aquí habitan y concédeles la paz, una gran fe, verdadero amor a Dios y al prójimo, paciencia en las penas, esperanza en la vida eterna, facilidades de trabajo, empleo y estudio, y la gracia de evitar los malos ejemplos, el vicio, el pecado, la condenación eterna y todas las demás desgracias y accidentes.

Amén.

SÚPLICA PARA TIEMPOS DIFÍCILES.

Divino Niño Jesús:
Tengo mil dificultades: ayúdame.
De los enemigos del alma: sálvame.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis dudas y penas: confórtame.
En mis soledades: acompáñame.
En mis enfermedades: fortaléceme.
Cuando me desprecien: anímame.
En las tentaciones: defiéndeme.
En las horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón paternal: ámame.
Con tu inmenso poder: protégeme.
Y en tus brazos al expirar: recíbeme.

Amén.

UN MINUTO CON EL NIÑO JESÚS.

Bendíceme, Niño Jesús y ruego por mí sin cesar.
Aleja de mi hoy y siempre el pecado.
Si tropiezo, tiende tu mano hacia mí.
Si cien veces caigo, cien veces levántame.
Si yo te olvido, tú no te olvides de mí.
Si me dejas Niño, ¿Qué será de mí?
En los peligros del mundo asísteme.
Quiero vivir y morir bajo tu manto.
Quiero que mi vida te haga sonreír.
Mírame con compasión, no me dejes Jesús mío.
Y, al fin, sal a recibirme y llévame junto a ti.
Tu bendición me acompañe hoy y siempre.

Amén. Aleluya. (Gloria al Padre).