¡Mantennos bajo el resguardo de tu Inmaculado Corazón, Santísima Virgen María! 

Fue en la tercera aparición que nuestra madre le encomendó a Santa Lucia difundir la devoción a su Inmaculado Corazón: “Nuestro Señor quiere que se establezca en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado. Si se hace lo que te digo se salvarán muchas almas y habrá paz; terminará la guerra…. Quiero que se consagre el mundo a mi Corazón Inmaculado y que en reparación se comulgue el primer sábado de cada mes…. Si se cumplen mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz…. Al final triunfará mi Corazón Inmaculado y la humanidad disfrutará de una era de paz.”

La preocupación de la Virgen María por la salvación de las almas se refleja en sus intercesiones, en cada una de sus apariciones insiste el rezo del Santo Rosario, la devoción al Sagrado Corazón de su hijo Jesús, vida de sacramentos y oración continúa.

Desde el primer instante de la existencia terrestre de la Virgen María su Corazón fue preservado de todo pecado, fue invadido por el don infuso del amor sobrenatural: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

Consagrarse a ella significa confiar de modo especial y más intenso en su maternal intercesión ante su hijo Jesús, ella está tan unida a Él que es inseparable de su persona y obra redentora. María tiene un papel especial es la historia de la salvación, colaboró de manera singular por su obediencia, de, esperanza y ardiente amor para restablecer la vida sobrenatural de los hombres.

La Consagración personal y social al Inmaculado Corazón de María nos une más íntimamente a ella para aprender de su ejemplo. Nos enseña a escuchar a su hijo cuando dice de sí misma: “He aquí la esclava del Señor, hágase en Mí según tu palabra” y se dice de ella: ¡Feliz la que ha creído que se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor! y “meditaba todas esas cosas en su corazón”.

El acto de consagrarse a María nos lleva a obedecer su petición: “Hagan todo lo que Jesús les diga”.

En su Corazón habitan las virtudes concedidas por Dios a su amada hija, esposa y madre; cuando nos infundimos en él, ella nos otorga de éstas mismas, nos asemejamos a su corazón, a su comportamiento pero muy en especial en el amor a Dios.

En este día tan especial une tu corazón al de la Virgen María, entrégaselo como ofrenda hermosa para que ella lo cuide y repare de todo dolor.

¡Feliz día del Inmaculado Corazón de María!