En este día la preparación para consagrarnos nos invita a meditar un momento en cuáles son las cosas del mundo que nos están llevando al pecado. ¿Qué es lo que nos lleva a querer ser reconocido, admirado y alabado por todos?

Somos siervos de Dios… Él es el único que debe ser alabado, glorificado, honrado, admirado, aplaudido, reconocido… Nuestra misión es enamorar a la Novia de Él, nunca de nosotros.

“Sea alabado tu Nombre y no el mío Señor; engrandecidas sean tus obras y no las mías. Bendito sea tu santo Nombre… Que no me sea a mí atribuida parte alguna de las alabanzas de los hombres que sólo te corresponden a ti. Amén”. (Imitación de Cristo)

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