¡Debemos tener cuidado! Nuestro enemigo, el demonio, entra poco a poco y va encadenándonos de todo cuando no le resistimos desde el principio. Recuerden que cuanto más tiempo yo tarde en resistir, cada día soy más débil y mi enemigo más fuerte.

Algunos padecemos graves tentaciones cuando nos convertimos a Dios, otros, vivimos una vida más tranquila, pero al final de nuestra vida, seremos gravemente tentados para que perdamos esa comunión con Dios, y Él lo permite para que nos volvamos más fuertes. Sin embargo, la mayoría de nosotros sufre tentaciones toda la vida. Algunos no nos rendimos a las grandes tentaciones, pero somos vencidos muchas veces en las menores y más comunes…

Dios lo permite para que, siendo humillados, nunca más confiemos en nuestra propia fuerza en grandes cosas, para ser débiles en las pequeñas, sino que aprendamos a confiar sólo en Dios y nos tomemos de la mano de María para vencer siempre.

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