La invitación de hoy es para examinar nuestra conciencia, rezar practicar la renuncia a nuestra propia voluntad.

Hacer mortificación siempre y sobre todo, tener pureza de corazón. Debemos recordar que esta pureza es la condición indispensable que podamos contemplar a Dios en el Cielo (la visión beatífica), verle en la tierra y conocerle a la luz de la fe.

Hoy el Señor nos invita a leer y conocer la vida de los santos porque ellos: “Se tenían mucha humildad y eran despreciados por el mundo, pero a los ojos de Dios eran muy preciosos y amados. Vivían en la sencilla obediencia, andaban en caridad y paciencia y por eso, cada día crecían en espíritu y alcanzaban mucha gracia delante de Dios”. (Imitación de Cristo)

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