Hoy nuestra consagración nos invita a examinar nuestra conciencia, rezar, practicar la renuncia a nuestra propia voluntad; a hacer mortificaciones y a buscar, sobre todo, la pureza de corazón.

Nos recuerda que cuando queremos estar muy seguros, viviendo en tiempo de consolación, debemos prepararnos porque viene el tiempo de tribulación (primera regla de san Ignacio), para que no quede abatido y temeroso en tiempo de guerra.

Debemos permanecer siempre humildes y pequeños, siempre en las manos de Dios y siempre apoyados de María, y así no caeremos tan rápido en peligro ni en pecado.

“Con dos alas se levanta el hombre de las cosas terrenas: la sencillez y la pureza. La sencillez pone la intención en Dios; la pureza le reconoce y gusta”. (De la Imitación de Cristo)

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