Esta primera parte nos advierte que el mundo nos incita al pecado todo el día. Vemos que todo nos recuerda que debemos ser egoístas, meternos dentro de nuestros gustos, comodidades y necesidades y no salir a compartir con el prójimo lo que Dios nos ha dado.

Estamos llenos de anuncios, de falta de moralidad, de nuevas tendencias y modas, y vivimos en un mundo que quiere inyectarnos con el pensamiento que el pecado no existe en ningún lado, sino que la vida es para disfrutarse. Realmente la vida que Dios nos dio es para vivirla en felicidad, pero Jesús nos dijo claramente que hay más felicidad en dar que en recibir (Hechos 20, 35). Sin embargo, todos estamos expuestos a todo este bombardeo de egoísmo y caemos muchas veces sin remedio.

Está en nosotros levantar a los caídos y amar a los que se encierran en sí mismos para que salgan y puedan recibir el amor de Dios.

“No juzguen a los demás y no serán juzgados ustedes. Porque de la misma manera que ustedes juzguen, así serán juzgados y la misma medida que ustedes usen para los demás, será usada para ustedes” Mt. 7, 1-2

Lean, escuchen y oren la parte que toca de su manual de Consagración.

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