Hoy nuestra preparación nos invita a emplear todas nuestras acciones y oraciones en pedir a Dios el arrepentimiento de mis pecados.

La santidad consiste en vaciarse de sí mismo y llenarse de Dios y lograr así la perfección. La perfección de tener un corazón puro, limpio y sano, totalmente abierto a Dios. Un corazón donde Él es el único Dios, el único anhelo y el único sueño.

Esto lo logra el Espíritu Santo, el santificador: “Y cuando Él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio”. (Jn. 16, 8)

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