Qué grandes palabras la que leemos en nuestra consagración: “Me parece grande y maravilloso que Tú me hayas escogido por siervo tuyo… Siendo tan pobre en santidad y tan indigno. Pero me uniste con otros amados siervos tuyos”. (Imitación de Cristo)

Recuerden siempre que ustedes son escogidos por Dios, no somos los mejores, los más aptos, los más dignos ni los más santos, pero tenemos el corazón abierto y herido para decirle que sí a Dios.

“En ese momento Pedro dijo: Ya ves que nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido. Jesús respondió: Yo les aseguro que ninguno que deje casa, esposa, hermanos, padre o hijos a causa del Reino de Dios dejará de recibir mucho más en el tiempo presente, y en el mundo venidero, la vida eterna” (Lc. 18, 28-30)

¡No tengan miedo! Tenemos un gran premio delante.

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