SAN JOSÉ, JEFE DE LA SAGRADA FAMILIA.

En nuestra Iglesia siempre hemos tenido la costumbre de anunciar que, en una familia: “el esposo es la cabeza y la esposa el corazón”.

Nadie de nosotros puede vivir sin alguna de esas dos partes del cuerpo y tanto la cabeza como el corazón son necesarios para vivir.

A ejemplo de San José, el cristiano muere a sí mismo y pone como prioridad las necesidades de su familia (también de su familia espiritual) por encima de las suyas, se preocupa por el bienestar espiritual de todos, busca maneras de ayudar a sus miembros a crecer en su relación con Dios, provee apoyo físico y ánimo; siempre está listo para proteger, ayudar y defender; está firme en las buenas y en las malas, y sobre todo, está preparado para dar la vida por aquellos que han sido confiados a su cuidado.

Recuerden leer y orar la parte que toca de su manual de Consagración.

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