Queridos hermanos, el 8 de diciembre del año 2020, el Papa Francisco convocó a nuestra Iglesia a celebrar un año dedicado a San José para “encontrar un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad”. Este año dedicado a San José es un regalo de Dios para nosotros. En Cielo abierto quisimos aprovechar el jubileo para entregarnos a Dios a través de este gran Santo, y recibir todo lo que el Señor quiere darnos a través de él.

Haremos una consagración a San José a través de una preparación de 33 días en honor a cada año que vivió Jesús en la tierra. Si Dios lo permite, el viernes 12 de febrero estaremos enviando nuestro primer mensaje como introducción a la consagración, y el domingo 14 de febrero iniciaremos nuestra preparación para terminarla el jueves 18 de marzo y así, consagrarnos el viernes 19 de marzo, día de San José, “Esposo de la Virgen María y Patrono de la Iglesia Universal”.

Consagrarse significa entregarse, apartarse, ofrecerse o dedicarse a alguien. Cuando ese alguien es Dios, la palabra “consagración” toma la forma de “santificación”, que es la forma de consagración más perfecta.

Todo ofrecimiento que hacemos a algún santo nos lleva a esa santificación, porque los santos nos entregan a Dios y nos conducen hacia él. Eso es exactamente lo que hacemos cada año al consagrarnos a María. De hecho, San Luis Grignion de Montfort dijo que la consagración a María es realmente una dedicación total de nosotros mismos a Jesús, a través de ella, porque la Santísima Virgen nunca se queda con nada de nosotros, sino que su misión es llevarnos a Dios.

Esta consagración a San José tiene el mismo objetivo: al entregarnos como hijos espirituales a él, para que nos lleve a los brazos de Jesús. Por eso, podemos decir que nuestra consagración a San José no compite ni disminuye la consagración a María, sino que es una ayuda perfecta en este tiempo para acercarnos más a Jesús y, por supuesto, al misterio del Amor Trinitario, del cual San José se dejó abrazar y fue vivo reflejo.

San José fue la cabeza de la Sagrada Familia. Y sabemos que toda familia es un reflejo, una imagen de la Santísima Trinidad en la tierra. Al consagrarnos a San José, nosotros estamos entregándole nuestro permiso para que él sea nuestro Padre Espiritual. A través de nuestro Bautismo formamos parte de la familia de Dios. Con San José de nuestro lado, tenemos un representante espiritual de esa familia divina, y con ello, un gran intercesor, proveedor y guardián, como lo fue de Jesús.

Estamos viviendo una etapa difícil en el mundo y en nuestra Iglesia, por eso, este es el tiempo de San José. Cuando las cosas se tornan difíciles, necesitamos su protección, su patrocinio, su intercesión y su guía. ¿Estás listo? Comparte con nosotros lo importante que es para ti San José en tu vida espiritual.