Pedimos a Dios Espíritu Santo que nos ilumine por estas palabras: “Señor, que yo vea. Señor, que me conozca. Ven Espíritu Santo”

En la lectura del Evangelio propuesto para la Consagración de hoy, Jesús nos dice muy claramente que lo que nos acontece no es un castigo de Dios para vengarse, sino que es parte de su misericordia para nuestra salvación.

“Aquellas dieciocho personas que quedaron aplastadas cuando la torre de Siloé se derrumbó… Yo les aseguro que no” (Lc. 13, 4-5)

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