¡Hoy celebramos otra gran fiesta!

Muchos celebramos hoy “el día de muertos”, nuestra Iglesia hoy celebra a los fieles difuntos. Como ayer celebramos a todos los santos, hoy, celebramos a todas las almas de cuantos nos precedieron en la muerte y que son dichosos porque tienen la certeza de estar salvados y la certeza de que después de su purificación en el purgatorio, llegarán a estar íntimamente unidos con Dios.

Podemos aprender con el Catecismo y la Biblia acerca del purgatorio:

1. Los que mueren en gracia y amistad de Dios, pero no perfectamente purificados, sufren después de su muerte una purificación, para obtener la completa hermosura de su alma. CIC 1030

2. “Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendrá que pagar. Se salvará, pero no sin pasar por el fuego” Hay personas que son salvadas pero que tienen que pasar por el fuego. Este es el fuego del amor de Dios que poco a poco nos va purificando hasta que nosotros seamos capaces de aceptar todo su amor y de amar a los demás.

3. La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. 2ª Mac. 12, 46: “Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados”.

4. La Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos. Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: “No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma” ¡Y san Agustín es del Siglo IV!

5. San Gregorio Magno afirma: “Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso”.

Este es un día en que se abren las puertas del Cielo para recibir oraciones por nuestros difuntos, así, ellos llegarán más pronto a la presencia de Dios.

¡Dios los bendiga!